Después de mi cumpleaños hablábamos día y noche, íbamos conociéndonos a pasos agigantados y al cabo de los días se convirtió en una rutina. No podía estar una sola noche sin hablar con él, no podía imaginarme como sería estar una noche sola.
Una mañana cálida de agosto, me puse a ordenar mi habitación. Yo soy una de tantas personas que almacena la ropa en la silla del escritorio y cuando ve una pila grande se dispone a ordenarlo. Mientras recogía las camisetas y pantalones cortes y escuchaba música a todo volumen pensaba en él. Pensaba que se había convertido en un amigo muy especial, un amigo de los que son para siempre. Me sentía muy orgullosa de lo que tenía a mi alrededor y de que él perteneciera en mi vida.
Agosto continuaba, y nuestra amistad también. A mi me gustaba hablar con él y a él le gustaba hablar conmigo, de hecho, casi siempre era él el que empezaba a hablarme. Eso me demostraba que era un poco importante para él. Muchas personas te buscan para un momento determinado, para que les ayudes con un problema o algo parecido, pero él me transmitía que yo era su amiga, una más de las de verdad.
Llegó septiembre. El día viernes ocho empezaron las fiesta que durarían todo el fin de semana. El primer día salí con tres amigas a bailar a la plaza porque el ayuntamiento contrató una discoteca móvil para la fiesta. Había mucha gente, pero entre giros y más giros con mis amigas lo vi pasar detrás de su primo. Yo solté a mi amiga y fui corriendo entre la gente hacia él. Lo llamé por su nombre, nos dimos un pequeño abrazo y dos besos en las mejillas. Me puse a hablar con él, y de mientras, mis amigas se pusieron a hablar con su primo mientras me esperaban. Me giré hacia ellas y con mi mirada les hice una señal para que supieran que ya podíamos irnos. Él se tenía que quedar con su primo, y no me parecía correcto estar todos juntos por si lo molestábamos.
Una amiga seguía hablando con su primo, nosotros nos quedamos mirándonos y sonreíamos todo el rato para amenizar la espera. Pude oír su conversación:
-A mi primo le gusta ella. Es guapa, ¡eh!
-Es preciosa.
En ese momento me quedé paralizada, y solo deseaba saber qué estaba ocurriendo. De repente nos fuimos, mis amigas y yo nos despedimos con la mano y la amiga que estaba manteniendo la conversación me confesó todo lo que estuvieron hablando.
Nunca me hubiera imaginado que pudiera gustarle. Nunca, jamás. Él era mi amigo, un gran amigo, uno de los mejores y esto no podía estar pasando. Sentía como que algo fallaba y no estaba pasando de verdad.
Tuve miedo, estuve aterrada. Me puse a una esquina de la disco movida y empecé a llorar, no quería perderle por no sentir lo mismo. Yo le quería pero de otra manera.
Empecé a pensar de más y a llegar a conclusiones imposibles, pero en ese momento solo quería irme a casa. Fuimos a dar una vuelta para alejarme de la gente y hablar de la situación con mis amigas y yo tenía miedo por si aparecía de forma inesperada y no saber que decir. De hecho, eso pasó cuando llamé a mi madre por teléfono para que fuera a buscarme. Una amiga y yo vivimos un poco lejos de lo que es el centro del pueblo en el que vivimos, y es más cómodo y seguro ir en coche. Cuando llegamos al portal de mi amiga, salí del coche para poder echar el asiento hacia delante y que pudiera salir. Me despedí de ella y allí estaba él. Desgraciadamente viven muy cerca, prácticamente se puede decir que son vecinos. Yo miré hacia el suelo y me metí en el coche.
A los pocos minutos llegué a casa, me puse el pijama y vi como en mi móvil se había encendido una luz. Era él, como todas las noches. Me preguntó que qué tal había pasado la noche y me dijo que me había visto en el coche. Respondí a su pregunta con una mentira y le dije que no me había dado cuanta de que estaba allí cuando salí del coche.
Mientras me desmaquillaba seguíamos hablando. Puse fin a la conversación diciendo que tenía sueño y nos despedimos, como de costumbre, con un "te quiero". Añadí "buenas noches" y me fui a dormir.
La expresión "te quiero" tiene muchos significados y siempre que se utiliza se crea una confusión. Así estaba yo, confusa, sin saber que pensar ni que sentir.
Intento decir lo que nunca me he atrevido a contar a una persona en especial. Intento dejar la mente en blanco, cerrar los ojos, tomar un suspiro, y decir todo, decir lo que quiero, lo que siento, lo que me preocupa, sin tener miedo de las consecuencias, sin temer al futuro. Todo esto no es otra cosa que lo que me queda por decir.
jueves, 22 de agosto de 2013
domingo, 18 de agosto de 2013
1
¿Cuántos tipos de amor existen? Me gustaría saberlo y poder diferenciarlos fácilmente. Me llamo Adriana, soy una chica segura de sí misma, que siempre sabe lo que quiere, que está rodeada de buenos amigos y de buena familia. Soy la típica chica baja y morena, con los ojos verdes y con una sonrisa de oreja a oreja.
Una vez me enamoré, fue la primera y la más dolorosa. Nunca le he dicho a nadie cómo comenzó, cómo la vida me sonrió.
Todo empezó hace más de un año, para ser exactos, un miércoles 1 de agosto de 2012. Yo estaba con mi ordenador portátil en mi habitación, tumbada en la cama como de costumbre, escuchando música que me hace sentir bien, cuando de repente escuché un sonido, pude ver como alguien me hablaba por el chat de una red social. Era un compañero de clase con quien nunca tuve una conversación de más de cinco minutos excepto en una fiesta de días antes que coincidía con su cumpleaños. Me sorprendí mucho al ver que era él, y más cuando vi que me llamaba tonta de una forma cariñosa. Después de ese saludo empezamos con vaciladas y bromas, los dos nos divertimos.
El día siguiente que hablamos fue el 5 de agosto, y cada vez hablábamos más y más, contando historias para que no nos aburriéramos, aunque yo nunca le dije que mientras hablaba con él era imposible que me aburriera.
El 9 de agostó fue mi cumpleaños, y como no, él me felicitó justo a las doce de la noche, fue un detalle que se acordara y fuera de las primeras personas en felicitarme. Esa misma noche, salí con mis amigas a tomar algo a un pub para celebrar que cumplía dieciséis años, me dieron los regalos, una camiseta de Nirvana, una tarjeta gigante, y una pulsera y pendientes a juego. Él no puedo salir porque estaba castigado, pero para mi sorpresa, al día siguiente volvimos a salir, y ahí estaba él, en la calle con los amigos tomando algo. Enseguida fui a saludarlo, y entramos dentro del pub a bailar. Después de un rato me dijo que se tenía que ir.
-Bueno guapa, lo siento pero me tengo que ir a casa. Si llego más tarde me van a castigar.
Entre amigos, la forma de saludarse y despedirse dando dos besos en las mejillas en muy común, y nosotros no éramos menos, pero no sé que pasó, nos girábamos de izquierda a derecha y sin querer nos dimos un pequeño y rápido beso en los labios. Los dos sonrojados dijimos adiós.
La noche continuaba, y mientras yo seguía bailando con mis amigas, puede sentir mi móvil vibrar en el bolsillo del pantalón. Le saqué y vi que era un mensaje de él, ya había llegado a casa y sin saber por qué, dejé de bailar y me senté en una silla para poder hablar con él. Así estuve un buen rato, hasta que decidí irme a casa, mientras caminaba se me ocurrió que él podía salir para poder dar una última vuelta antes de ir a dormir, a él le pareció y fue a las tres de la madrugada cuando estuvimos juntos hablando y riéndonos.
Llegué a casa a las cuatro de la madrugada, y antes de abrir la puerta, me quedé en un banco de la terraza recopilando todo lo que había pasado esa noche. No olvidé el beso, y con una sonrisa, me dije a mí misma, que ese beso y estar con él fue el mejor regalo que pude tener.
Una vez me enamoré, fue la primera y la más dolorosa. Nunca le he dicho a nadie cómo comenzó, cómo la vida me sonrió.
Todo empezó hace más de un año, para ser exactos, un miércoles 1 de agosto de 2012. Yo estaba con mi ordenador portátil en mi habitación, tumbada en la cama como de costumbre, escuchando música que me hace sentir bien, cuando de repente escuché un sonido, pude ver como alguien me hablaba por el chat de una red social. Era un compañero de clase con quien nunca tuve una conversación de más de cinco minutos excepto en una fiesta de días antes que coincidía con su cumpleaños. Me sorprendí mucho al ver que era él, y más cuando vi que me llamaba tonta de una forma cariñosa. Después de ese saludo empezamos con vaciladas y bromas, los dos nos divertimos.
El día siguiente que hablamos fue el 5 de agosto, y cada vez hablábamos más y más, contando historias para que no nos aburriéramos, aunque yo nunca le dije que mientras hablaba con él era imposible que me aburriera.
El 9 de agostó fue mi cumpleaños, y como no, él me felicitó justo a las doce de la noche, fue un detalle que se acordara y fuera de las primeras personas en felicitarme. Esa misma noche, salí con mis amigas a tomar algo a un pub para celebrar que cumplía dieciséis años, me dieron los regalos, una camiseta de Nirvana, una tarjeta gigante, y una pulsera y pendientes a juego. Él no puedo salir porque estaba castigado, pero para mi sorpresa, al día siguiente volvimos a salir, y ahí estaba él, en la calle con los amigos tomando algo. Enseguida fui a saludarlo, y entramos dentro del pub a bailar. Después de un rato me dijo que se tenía que ir.
-Bueno guapa, lo siento pero me tengo que ir a casa. Si llego más tarde me van a castigar.
Entre amigos, la forma de saludarse y despedirse dando dos besos en las mejillas en muy común, y nosotros no éramos menos, pero no sé que pasó, nos girábamos de izquierda a derecha y sin querer nos dimos un pequeño y rápido beso en los labios. Los dos sonrojados dijimos adiós.
La noche continuaba, y mientras yo seguía bailando con mis amigas, puede sentir mi móvil vibrar en el bolsillo del pantalón. Le saqué y vi que era un mensaje de él, ya había llegado a casa y sin saber por qué, dejé de bailar y me senté en una silla para poder hablar con él. Así estuve un buen rato, hasta que decidí irme a casa, mientras caminaba se me ocurrió que él podía salir para poder dar una última vuelta antes de ir a dormir, a él le pareció y fue a las tres de la madrugada cuando estuvimos juntos hablando y riéndonos.
Llegué a casa a las cuatro de la madrugada, y antes de abrir la puerta, me quedé en un banco de la terraza recopilando todo lo que había pasado esa noche. No olvidé el beso, y con una sonrisa, me dije a mí misma, que ese beso y estar con él fue el mejor regalo que pude tener.
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