domingo, 13 de octubre de 2013

6

Lunes, ocho de octubre, una nueva semana comenzaba y tenía el presentimiento de que iba a ser la mejor de mi vida. Me levanté para ir al instituto, durante las clases no podía dejar de pensar de él. Los recreos eran emocionantes porque lo tenía a mi lado y deseaba decirle lo que sentía.
Cuando llegué a casa, lo primero que hice fue comer, pero mucho menos de lo habitual, pues tenía un nudo en el estómago por los nervios. Me puse a hacer los deberes para estar entretenida, pero vi que en el móvil tenía un mensaje de él, lo abrí y me dijo que a las cuatro no podía quedar, pero que las cinco sí. Yo me puse de los nervios, tenía que estar en casa otra hora más, otra hora comiéndome la cabeza, pero para mi suerte, se me pasó rápido. A las cinco menos cuarto me mandó otro mensaje diciéndome que ya salía de casa, entonces me dí cuenda de que yo también debía salir, ya que vivimos cerca y no quería hacerlo esperar.
Llegué al lugar citado a los cinco minutos, de mientras que lo esperaba, me acerqué a una barandilla y miré hacia la playa. Estaba la marea baja y la playa estaba preciosa. Ya habían pasado otros cinco minutos así que me di la vuelta y allí estaba él, viniendo a lo lejos poco a poco. Podía ver como sonreía y eso me encantaba. Iba vestido con una pantalones vaqueros oscuros, llevaba una camiseta de manga corta morada y unas playeras grises con algunos detalles en morado. Estaba guapísimo. Yo en cambio llevaba unos pantalones oscuros, mis Converses rojas y una camiseta blanca con un dibujo y la frase "We are friends". Nosotros somos amigos, qué dilema, ¿verdad? No sabía cuánto iba a durar esa simple amistad. Deseaba con todas mis fuerzas que fuera para siempre y que fuera más que una simple amistad. 
Se acercó a mi y nos saludamos como siempre, empezamos a caminar, él iba andando a mi derecha y yo no podía dejar de mirarlo.
De repente se paró, con su mano derecha se rascó su lado izquierdo de la cabeza, se puso frente a mí y mirándome a los ojos y entre palabras tímidas y sonrisas me dijo:
-Estoy algo nervioso. Bueno, me gustas bastante y me gustaría pedirte.
De repente, todo lo que tenía pensado se esfumó y me quedé en blanco. Simplemente dije sí, sonreí y volví a decir sí.
Seguimos caminando y me dijo que tenía esperanzas de que le contestara que sí. Yo le respondí:
-De esperanzas de llana la vida. 
Nos sentamos en un banco y juntos podíamos ver el mar. No dijimos nada, simplemente pensábamos qué podíamos hacer y sin ninguna timidez, rápidamente me pidió un beso. Me acerqué a él, cerré los ojos y cumplí un sueño.
Todavía recuerdo el sabor de aquel primer beso, aquel momento en que quise que el mundo se detuviera y que mi corazón parecía que se iba a salir del pecho. Nunca lo deseé más que es ese mismo instante, cuándo lo agarré para no soltarlo jamás.

lunes, 7 de octubre de 2013

5

Cada vez más y más. Nos reímos y disfrutamos de los momentos sin perder ninguna oportunidad, pero yo no aguantaba más, necesitaba decirle todo lo que sentía, pero no conseguía encontrar el momento perfecto.
Yo necesitaba un día para mí, para pensar en mí y desconectar de todo. Para ello, cogí mis patines de línea y me fui a patinar durante un rato para que mi mayor preocupación fuera no caerme y me olvidara de todo lo que existía en mi alrededor. Cuando terminé de patinar, me puse mis Converses negras y me fui a casa, un camino de unos veinte minutos andando, lo suficiente para dejar la mente en blanco. Era la típica tarde de un domingo de octubre, no espera encontrarme con nadie conocido, pero para mi sorpresa, ahí estaba él, sonriendo como siempre. Él estaba sentado en una terraza de un bar con la compañía de su familia pero por suerte él no me vio, así que pude pasar desapercibida con la gente de mi alrededor. No estaba preparada para saludarlo delante de todo aquella gente porque soy demasiado tímida y lo más probable era que me pasara algo ridículo o humillante. 
Después de un rato llegué a casa, tiré los patines en la entrada y fui directa a ducharme. Quería despejar todas mis ideas porque aunque el tiempo que estuve patinando lo invertí en reflexionar, después de volverlo a ver... En fin, otra vez a empezar de nuevo.
Salí de la ducha con una toalla en el pelo para no mojar todo. Miré mi móvil y tenía un mensaje de él, decía que quería quedar conmigo al día siguiente, si podía y si quería. Yo simplemente le dije que me encantaría y quedamos un lunes a las cuatro de la tarde. ¿Sería esa mi oportunidad? No sabía ni que contestarme, al fin y al cabo, el lunes sería otro día y nos veríamos en el instituto, así que en veinticuatro horas me daba tiempo de sobra para pensar lo que tenía que decirle. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

4

Empezamos un año nuevo en el instituto, yo a primero de bachillerato y tú a cuarto de ESO. Estábamos juntos en los recreos con más amigos, pero la idea de estar juntos fue nuestra, no fue por casualidad. En cada recreo íbamos a las escaleras que hay al lado del instituto y ahí estábamos los veinte minutos hasta que tocaba el timbre. Me encantaba estar allí, sobretodo porque no podía quitar la sonrisa cada vez que lo veía aparecer por ahí.
Cuando yo estaba en clase no podía parar de pensar en él, mi mirada y mi sonrisa tonta me delataban, se notaba que estaba enamorada. En mí es muy fácil saber si me gusta alguien o no, pero esto era diferente. Era la primera vez que estaba enamorada, pero no me importaba ocultarlo, sin embargo no le dije nada a nadie.
Sol, calor, finales de septiembre, disfrutábamos de los pocos días que quedaban antes de empezar a estudiar como es debido. Una día él quería quedar conmigo, los dos solos, un sábado por la tarde, esta era una magnífica oportunidad para poder decirle todo lo que sentía. 
Llegó el sábado después de haberlo esperado con muchas ganas. Habíamos quedado a las cinco, yo tendría que ir a su casa porque me está de camino, pero antes me había llamado y me dijo que no podía, que tenía que ser a las cuatro y en la plaza. Yo tenía que andar más, pero por el camino iba pensando las palabras adecuadas para dar el paso. 
Llegué a las cuatro menos cinco a la plaza, él no había llegado, me puse nerviosa repasando palabra a palabra, hasta que miré a mi derecha y le vine venir, no estaba solo, sino con la mejor compañía, estaba acompañado por sus hermanos. Se acercó a mí y me dijo un hola con una sonrisa en la cara, le respondí con un qué tal, de mientras sus hermanos se quedaron mirándonos y me saludaron, era algo que no me esperaba, me bloqueé completamente y eché mi mejor sonrisa. 
Decidimos irnos a dar una vuelta, me temblaban las manos y las piernas. Siempre que me pongo nerviosa tartamudeo, me cuesta hablar y en ese momento tenía la mente en blanco.
Vueltas y más vuelvas, no parábamos de caminar en círculos hablando de temas aburridos porque a ninguno de los dos se nos ocurría nada interesante. Pensé en decirle lo que sentía por él, pero tenía el presentimiento de que algo iba a fallar, me acobardé, me eché para atrás y me decepcioné conmigo misma. 
Ante ese momento querido y a la vez incómodo, llamé a una amiga para hacer la situación un poco más apacible. De mientras la esperábamos volvimos a la plaza y nos sentamos en un banco. Mirábamos para todos lados, pero era imposible que mantuviéramos la mirada en nosotros. 
Vimos a mi amiga a lo lejos, nos levantamos y fuimos a dar otra vuelta más. Para cambiar un poco, fuimos a pasear a la playa, todo eran risas, sonrisas, miradas... Las cosas habías cambiado con la presencia de otra persona, de repente volví a pensar en lo que le quería decir y me arrepentí de no haberlo hecho cuando tuve una primera oportunidad.
Empezó a llover, corrimos para no mojarnos, pero fue imposible, parecía que acabáramos de salir de la ducha. Él y yo a la par, estábamos mojados y nos reíamos de nosotros mismos, no podía dejar de mirar esa sonrisa y poner mis oídos para escuchar su risa. 
Ese día está marcado en mi vida. Fue importante para mí aunque no hubiera pasado nada interesante, pero solo con estar con él, merece la pena. No importa si llueve o truene, ese día le disfruté como me lo merecía. 

3

Al día siguiente, yo le había prometido ir a verle a una competición de su deporte favorito, remo. Yo no quería romper esa promesa y fui con una amiga al puente, donde por la altura pude apreciar para poder ver bien todas las traineras. Recuerdo que hacía mucho calor y el sol nos daba de espaldas, pero yo aguanté detrás de una farola donde había un poco de sombra. Me agarré a la barandilla, me puse de puntillas y me asomé. Miré hacia abajo para ver si estaba él allí. El sol impedía que viera él, pero pude observar su gorra azul. Sin duda era él. Miraba para todos los lados, yo me eché hacia atrás para evitar que me viera. No sé por qué, pero no quería saludarlo, en ese mismo momento solo quería desaparecer, pero cumplí mi promesa hasta el final.
Después de la regata hablé con él, me preguntó si había ido a verle, le contesté rápido un simple sí. Él estaba molesto porque no me había visto, yo no me sentí bien por su reacción, pero no le di más vuelvas y lo dejé pasar.

Pocos días pasaron, tres o cuatro, no más. Todavía las vacaciones de verano continuaban, me desperté y me levanté de la cama, no tenía ni idea de por qué estaba pensando en él. Me volví a tumbar en la cama y mirando fijamente al techo, intenté explicarme a mí misma por qué él no salía de mi cabeza.
Después de varios minutos encontré la respuesta. Me gustaba, sí, me encantaba. Su forma de ser, de pensar, con esa sonrisa de oreja a oreja. Me di cuenta que poco a poco me estaba enamorando.
Así es lo quería y no me importaba lo que dijeran los demás. 

jueves, 22 de agosto de 2013

2

Después de mi cumpleaños hablábamos día y noche, íbamos conociéndonos a pasos agigantados y al cabo de los días se convirtió en una rutina. No podía estar una sola noche sin hablar con él, no podía imaginarme como sería estar una noche sola. 
Una mañana cálida de agosto, me puse a ordenar mi habitación. Yo soy una de tantas personas que almacena la ropa en la silla del escritorio y cuando ve una pila grande se dispone a ordenarlo. Mientras recogía las camisetas y pantalones cortes y escuchaba música a todo volumen pensaba en él. Pensaba que se había convertido en un amigo muy especial, un amigo de los que son para siempre. Me sentía muy orgullosa de lo que tenía a mi alrededor y de que él perteneciera en mi vida. 
Agosto continuaba, y nuestra amistad también. A mi me gustaba hablar con él y a él le gustaba hablar conmigo, de hecho, casi siempre era él el que empezaba a hablarme. Eso me demostraba que era un poco importante para él. Muchas personas te buscan para un momento determinado, para que les ayudes con un problema o algo parecido, pero él me transmitía que yo era su amiga, una más de las de verdad. 
Llegó septiembre. El día viernes ocho empezaron las fiesta que durarían todo el fin de semana. El primer día salí con tres amigas a bailar a la plaza porque el ayuntamiento contrató una discoteca móvil para la fiesta. Había mucha gente, pero entre giros y más giros con mis amigas lo vi pasar detrás de su primo. Yo solté a mi amiga y fui corriendo entre la gente hacia él. Lo llamé por su nombre, nos dimos un pequeño abrazo y dos besos en las mejillas. Me puse a hablar con él, y de mientras, mis amigas se pusieron a hablar con su primo mientras me esperaban. Me giré hacia ellas y con mi mirada les hice una señal para que supieran que ya podíamos irnos. Él se tenía que quedar con su primo, y no me parecía correcto estar todos juntos por si lo molestábamos. 
Una amiga seguía hablando con su primo, nosotros nos quedamos mirándonos y sonreíamos todo el rato para amenizar la espera. Pude oír su conversación:
-A mi primo le gusta ella. Es guapa, ¡eh!
-Es preciosa. 
En ese momento me quedé paralizada, y solo deseaba saber qué estaba ocurriendo. De repente nos fuimos, mis amigas y yo nos despedimos con la mano y la amiga que estaba manteniendo la conversación me confesó todo lo que estuvieron hablando. 
Nunca me hubiera imaginado que pudiera gustarle. Nunca, jamás. Él era mi amigo, un gran amigo, uno de los mejores y esto no podía estar pasando. Sentía como que algo fallaba y no estaba pasando de verdad. 
Tuve miedo, estuve aterrada. Me puse a una esquina de la disco movida y empecé a llorar, no quería perderle por no sentir lo mismo. Yo le quería pero de otra manera.
Empecé a pensar de más y a llegar a conclusiones imposibles, pero en ese momento solo quería irme a casa. Fuimos a dar una vuelta para alejarme de la gente y hablar de la situación con mis amigas y yo tenía miedo por si aparecía de forma inesperada y no saber que decir. De hecho, eso pasó cuando llamé a mi madre por teléfono para que fuera a buscarme. Una amiga y yo vivimos un poco lejos de lo que es el centro del pueblo en el que vivimos, y es más cómodo y seguro ir en coche. Cuando llegamos al portal de mi amiga, salí del coche para poder echar el asiento hacia delante y que pudiera salir. Me despedí de ella y allí estaba él. Desgraciadamente viven muy cerca, prácticamente se puede decir que son vecinos. Yo miré hacia el suelo y me metí en el coche. 
A los pocos minutos llegué a casa, me puse el pijama y vi como en mi móvil se había encendido una luz. Era él, como todas las noches. Me preguntó que qué tal había pasado la noche y me dijo que me había visto en el coche. Respondí a su pregunta con una mentira y le dije que no me había dado cuanta de que estaba allí cuando salí del coche. 
Mientras me desmaquillaba seguíamos hablando. Puse fin a la conversación diciendo que tenía sueño y nos despedimos, como de costumbre, con un "te quiero". Añadí "buenas noches" y me fui a dormir. 
La expresión "te quiero" tiene muchos significados y siempre que se utiliza se crea una confusión. Así estaba yo, confusa, sin saber que pensar ni que sentir.

domingo, 18 de agosto de 2013

1

¿Cuántos tipos de amor existen? Me gustaría saberlo y poder diferenciarlos fácilmente. Me llamo Adriana, soy una chica segura de sí misma, que siempre sabe lo que quiere, que está rodeada de buenos amigos y de buena familia. Soy la típica chica baja y morena, con los ojos verdes y con una sonrisa de oreja a oreja. 
Una vez me enamoré, fue la primera y la más dolorosa. Nunca le he dicho a nadie cómo comenzó, cómo la vida me sonrió.
Todo empezó hace más de un año, para ser exactos, un miércoles 1 de agosto de 2012. Yo estaba con mi ordenador portátil en mi habitación, tumbada en la cama como de costumbre, escuchando música que me hace sentir bien, cuando de repente escuché un sonido, pude ver como alguien me hablaba por el chat de una red social. Era un compañero de clase con quien nunca tuve una conversación de más de cinco minutos excepto en una fiesta de días antes que coincidía con su cumpleaños. Me sorprendí mucho al ver que era él, y más cuando vi que me llamaba tonta de una forma cariñosa. Después de ese saludo empezamos con vaciladas y bromas, los dos nos divertimos. 
El día siguiente que hablamos fue el 5 de agosto, y cada vez hablábamos más y más, contando historias para que no nos aburriéramos, aunque yo nunca le dije que mientras hablaba con él era imposible que me aburriera. 
El 9 de agostó fue mi cumpleaños, y como no, él me felicitó justo a las doce de la noche, fue un detalle que se acordara y fuera de las primeras personas en felicitarme. Esa misma noche, salí con mis amigas a tomar algo a un pub para celebrar que cumplía dieciséis años, me dieron los regalos, una camiseta de Nirvana, una tarjeta gigante, y una pulsera y pendientes a juego. Él no puedo salir porque estaba castigado, pero para mi sorpresa, al día siguiente volvimos a salir, y ahí estaba él, en la calle con los amigos tomando algo. Enseguida fui a saludarlo, y entramos dentro del pub a bailar. Después de un rato me dijo que se tenía que ir. 
-Bueno guapa, lo siento pero me tengo que ir a casa. Si llego más tarde me van a castigar. 
Entre amigos, la forma de saludarse y despedirse dando dos besos en las mejillas en muy común, y nosotros no éramos menos, pero no sé que pasó, nos girábamos de izquierda a derecha y sin querer nos dimos un pequeño y rápido beso en los labios. Los dos sonrojados dijimos adiós. 
La noche continuaba, y mientras yo seguía bailando con mis amigas, puede sentir mi móvil vibrar en el bolsillo del pantalón. Le saqué y vi que era un mensaje de él, ya había llegado a casa y sin saber por qué, dejé de bailar y me senté en una silla para poder hablar con él. Así estuve un buen rato, hasta que decidí irme a casa, mientras caminaba se me ocurrió que él podía salir para poder dar una última vuelta antes de ir a dormir, a él le pareció y fue a las tres de la madrugada cuando estuvimos juntos hablando y riéndonos. 
Llegué a casa a las cuatro de la madrugada, y antes de abrir la puerta, me quedé en un banco de la terraza recopilando todo lo que había pasado esa noche. No olvidé el beso, y con una sonrisa, me dije a mí misma, que ese beso y estar con él fue el mejor regalo que pude tener.